27/7/10

La chica que soñaba con un reloj, una cerilla y un bidón de gasolina


No sé que siento, pero siento mucho.

Me siento pequeña e indefensa. Desaparecida y oculta. Quiero encontrar la paz conmigo misma, buscar en mi interior y encontrar esa esencia que debe serenar a todo humano, ese origen. Quizás esta paz me lleve inexorablemente a conocer todas las respuestas a mis dudas.

¿Por que sólo escribo cuando siento dolor? ¿Por qué nunca cuando soy feliz y vivo en plena felicidad? Porque vivo con mayor intensidad el dolor que la menospreciada felicidad, que sólo nos damos cuenta de su existencia cuando carecemos de ella. Me gustaría huir, un tiempo, refugiarme en una cabaña en la montaña, donde solo el sonido de la naturaleza lograra perturbar mis pensamientos. Quiero cansarme de pensar, no tener preocupaciones ni malos sentimientos.

Despegarme del suelo, de lo terrenal y flotar libremente por el espacio. Quiero tener el más maravilloso de los viajes, el que nos lleva a conocernos a nosotros mismos. Para luego poder mirar a la vida de cara y sin miedo, con ganas y con energía. Renovada, preparada para los nuevos embistes del devenir. ¿Será eso posible o será mejor que deje de soñar?

Imposible conseguirlo cuando vives atado a un reloj que te marca cada segundo de tu vida, con una caja tonta que te dice que necesitas y que no debes necesitar, un teléfono móvil que te hace estar localizable en cualquier momento, y una conexión a Internet de banda ancha las 24h al día. Bienvenida al mundo moderno.